Historia de NCF

Cofundador David Bruce McMahan con su hija Cristina McMahan

Obtener el suficiente acceso a la informática y a la información sobre cómo la informática puede ayudar a los estudiantes con discapacidades fue el desafío que originalmente motivó a Yvette Marrin y David Bruce McMahan a fundar en conjunto la Fundación Nacional de Cristina en 1984. La fundación comenzó el trabajo de restaurar viejas computadoras para ponerlas nuevamente en uso para desarrollar del potencial humano. Ésta lleva su nombre en honor a Cristina McMahan, quien conoció a Yvette Marrin cuando era estudiante en las Escuelas Públicas de Yonkers.

Como pioneros en tratar un concepto por entonces ignorado, entendimos que podíamos confirmar el potencial positivo de la informática a lo largo de tiempo y sabíamos que debían hallarse soluciones para lidiar con la pila de equipos desechados que no deja de acumularse. Tuvimos que mirar hacia el futuro sabiendo que estaremos continuamente construyendo nuevas infraestructuras.

¿Cuál es la mejor manera de lograrlo?

Cofundadora Yvette Marrin con Cristina McMahan

Para establecer el programa de donaciones de la Fundación Nacional Cristina se realizaron pruebas pilotos durante más de diez años, y se probaron diferentes procedimientos en diferentes lugares. Al comienzo, seleccionamos grupos de socios, como la Universidad Johns Hopkins, el Departamento de Educación del Estado de Maryland, la Universidad Peabody, el programa “Upward Boud” (Destinados al progreso) de la Universidad de Nueva York, varios centros de rehabilitación y varias organizaciones sin fines de lucro que fueron muy hábiles en el uso de nuevas tecnologías y pudieron evaluar correctamente si los equipos previamente usados podrían servir para sus programas. Nos ayudaron a verificar los procedimientos más importantes a seguir para administrar nuestro programa de donaciones.

Parte de nuestra tarea era establecer la utilidad de esta tecnología con referencia a la capacitación tecnológica, comunicaciones y soporte general para ayudar a las personas con necesidades especiales a ser más independientes y productivas. Se requeriría de mucha perseverancia y tiempo antes de que la sociedad considerara que la reutilización de esta tecnología fuera beneficiosa, práctica y necesaria. Por lo tanto, era esencial que nuestras prácticas fueran lógicas y fáciles de escalar.

Luego, en 1997, confirmamos formalmente el modelo del Sistema de Reutilización de Cristina, el cuál fue validado por medio de una donación del Departamento de Comercio de los EE.UU.  Este proceso puso a prueba el sistema de donaciones que desarrollamos con diferentes lugares de nuestro país y verificó las prácticas con colegas involucrados en actividades de reutilización de tecnología.  Nuestra estrecha relación con CompTIA (la Asociación de la Industria Informática) también le ayudó a la fundación a comprender la industria informática y la complejidad de este importante sector de nuestra economía.

Lo que hemos aprendido desde nuestra fundación se encuentra integrado en el software de manejo de donaciones que apoya a organizaciones sin fines de lucro, escuelas y actividades de reutilización de agencias públicas como socios en la Red Cristina. Éste se encarga de identificar las donaciones tecnológicas para determinar su mejor destino según los programas correspondientes a cada sitio y sus requerimientos de equipamiento. Este sistema permite la eficiente distribución de un elevado flujo de donaciones tecnológicas hacia un creciente número de sitios asociados a lo largo de nuestra nación.

Con el tiempo, hemos aprendido que para que las donaciones de computadoras de generaciones anteriores y sus tecnologías relacionadas hagan una diferencia significativa, es necesario contar con un programa coordinado con objetivos bien claros. Es esencial una planificación correcta y sistemática. Para la Fundación Nacional Cristina, nuestro objetivo principal nos ayuda a mantener la sinceridad de nuestro trabajo: Conectar la vida con sus promesas.